La dictadura de la masa congelada: por qué el pan "normal y corriente" está en peligro de extinción.

Hola a todo el mundo.
Hoy hablo de un tema que, a mi parecer, ha venido a nuestras vidas para quedarse, por desgracia.
Y es que, de un tiempo a esta parte, nos han metido este producto con calzador y no se va ya de nuestra cesta de la compra.
No hace muchos años, en este país, al igual que en otros, el pan de verdad —como yo lo llamo— era, desde luego, indispensable.
Incansables obradores lo hacían con todo el sudor de su frente, a horas muy sacrificadas.
Daba gusto comer las barras de pan recién hechas y ese sabor a pan inconfundible.
Las panaderías, hasta arriba de personas deseando llevarlo a sus casas, pero ya.
El caso es que todo iba bien, hasta que, sin quererlo ni beberlo, nadie vio lo que se venía encima.
Empieza a llegar el pan congelado o industrial, como queramos llamarlo.
Al principio nadie lo quiere, pero poco a poco se va haciendo un hueco en los supermercados.
Los bajos salarios y demás hacen de él algo totalmente necesario, ya que a muchas personas les es inimaginable comer sin pan encima de la mesa.
En los supermercados empieza a triunfar y, además, gusta, porque sale recién sacado del horno, haciendo creer a los primeros clientes que se ha hecho en el momento, tipo pan de antes, aunque no es así, evidentemente.
Pero como sale caliente y, encima, es más barato que el pan de verdad, pues todo el mundo encantado.
Pronto empiezan a proliferar los fabricantes que se suben al carro, creándose competencia entre ellos.
Los billetes empiezan a crecer y el negocio está más que servido.
El caso es que, de la noche a la mañana y, encima, sin exagerar, millones de panaderías se ven prácticamente obligadas a tomar una decisión: o se ponen a vender ese pan o, de lo contrario, se ven abocadas al cierre, ya que se ven incapaces de competir por precio.
Y es que este nuevo pan se ofrece a precios más que baratos y, claro, muchos obradores y empresas del gremio se suben al carro de fabricarlo, viendo cómo se convierte en la nueva gallina de los huevos de oro.
Mientras tanto, las panaderías que no se ponen a venderlo —ni mucho menos a aceptar fabricarlo— acaban cerradas por doquier, ya que cada vez tienen muchos menos clientes y, en el momento en que hay más gastos que ingresos, se cierran para evitar perder más.
El caso es que yo pienso que no sabe igual, pero pocos se atreven a volver a hacer el pan de verdad por los enormes costes que tiene.
Muy pocos se la juegan, pero no acaban bien.
En fin, este pan congelado ha venido para quedarse y, por mucho que no nos guste, ahí sigue, con los cadáveres laborales que se ha llevado por delante.
Un saludo y hasta otro tema.
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